Los vinos de la bodega Emilio Moro en Ecuador

Estaba en una cata de vinos de la Bodegas Emilio Moro, mientras todos conversaban en la mesa de Casa Damián, y ahí se me vino un diálogo de la película «Entre copas». El fragmento es el siguiente:

«Pienso en la vida del vino. Que es algo vivo. Me gusta pensar qué pasaba el año en el que crecían las uvas. Cómo brillaba el sol. Si llovió. Me gusta pensar en toda la gente que cuidó y recogió la uva. Y si es un vino viejo, cuántos de ellos habrán muerto ya. Me gusta cómo el vino sigue evolucionando. Si abro una botella hoy tendrá un sabor diferente que si la abro cualquier otro día. Porque una botella de vino en realidad está viva…»

Y sí, cada botella está viva y hoy lo sentí. Cuando tomas vino con gente que entiende la evolución de este producto, incluso en copa pueden guiarte sobre cuánto esperar para que tenga tonos cítricos o higos, porque el vino es una caja de sorpresas y está tan vivo como nosotros. Su propósito es alegrar el paladar, más aún cuando se selecciona un menú, de Casa Damián, para armonizar cada variedad.

Recorrido de maridaje con vinos Emilio Moro en Casa Damián

Se comenzó con un Godello llamado El Zarzal 2018, fermentado en barricas de 2500 litros y posterior crianza en roble francés. Su producción es limitada a 58.000 botellas. Su tonalidad es amarillo muy tenue, con notas fuertes a fruta blanca madura y flores secas. En boca es fresco, ácido y equilibrado.

El primer fue tipo piqueo con tortilla Paisana, que es como la española pero se le agregan verduras y embutidos. También unas croquetas cremosas de queso Cabrales, que se madura en cuevas naturales -en los picos de Europa- con alta humedad. Asimismo unas duquesas de espárragos verdes en salsa de romesco y empanadas fritas rellenas de atún de Galápagos.

El segundo paso vino con un Emilio Moro 2016, un homenaje al nombre de su creador. Es un D.O. Ribera del Duero (por la Denominación de Origen), procedente de viñas de 12 y 25 años de edad. Es fermentado en depósitos de acero inoxidable y posterior crianza de 12 meses en roble francés y americano.

Este vino fue armonizado con un volcán de hojaldre relleno de ragout de mero, langostinos y puerros confitados en salsa de cangrejos del Pacífico.

¿Quién dice que los ingredientes ecuatorianos no están hecho para un buen vino español?

El tercer paso vino de la mano del Cepa 21, al igual que el anterior es un Ribera de Duero. Quizá este se caracteriza por su frescura, perfecto para acompañar piqueos, hasta me atrevería a decir que es perfecto para el verano. Para armonizarlo se escogió una ensalada verde de perdices escabechadas, que le daban mucha frescura al plato.

La culminación de esta experiencia llegó de la mano de una de las estrellas de las Bodegas Emilio Moro. Se trata Melleolus, esta palabra proviene del latín y significa majuelo, que es el nombre que reciben los viñedos de Pesquera de Duero, una zona privilegiada geográficamente por la bondad de sus tierras, que ha sido desde tiempos remotos terreno ideal para el establecimiento de pueblos pastores y agricultores.

Regresando a Malleolus, es un vino casi elaborado en la adversidad. No en el mal sentido, sino que procede de un viñedo, el más antiguo de la bodega, de suelos arcillosos, pedregozos y calizos. No los conozco, pero mientras estábamos en la cata aparecían imágenes referentes a esta bodega en una pantalla, y esa imagen del suelo blanco agrietado se me quedó atrapada en la cabeza, más aún después de probar el primer sorbo de este vino que saca todo su potencial, por eso es uno de los tempranillos más premiados.

Y al probar este tempranillo volvío a mi ese trozo, tan bien guionizado, de Entre Copas que dice:

«Me gusta pensar qué pasaba el año en el que crecían las uvas. Cómo brillaba el sol. Si llovió. Me gusta pensar en toda la gente que cuidó y recogió la uva«…

Para armonizarlo, en Casa Damián, sirvieron una caña de jarrete de res estofado en vino tinto con hongos y verduras tiernas glaseadas, que potenciaba todo el sabor.

Ese maridaje fue una apuesta segura, tan certera como saber que este vino te va a dejar bien parado en una cena entre amigos o para dar de obsequio a un amante de esta bebida.

Para cerrar la jornada dulcemente sirvieron unos profiteroles rellenos de muselina de chocolate eciatoriano con brandy español y salseados con crema de arroz con leche con almendras caramelizadas.

Esta tarde fue una experiencia, porque era una mesa llena de amantes del vino, conversaciones sobre esta bebida, comida deliciosa y el servicio de primera de Casa Damián. Para los que preguntan dónde se puede conseguir el vino de Emilio Moro Bodegas, pues se encuentra en Dibeal Ecuador, una importadora y distribuidora con más de 30 años de experiencia en el país.

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