Campaña: Sin Sorbete por favor

Una bebida se toma en 15 minutos y el sorbete que se usa tarda en descomponerse 1.000 años. No solo eso, en el proceso de descomposición, el polipropileno con el que se fabrica, se fragmenta en partículas microscópicas que terminan en los océanos y afectan los ecosistemas marinos. Por eso, cuando comí en Crepes & Waffles, en Quito, y vi la campaña #SinSorbetePorFa me emocioné porque al fin un restaurante (tipo franquicia) entiende que parte de su labor es educar al consumidor.

Lamentablemente nosotros somos una verdadera plaga para el planeta. El uso de algo tan esporádico como un sorbete (en Medellín se les conoce como pitillos) tiene en problemas al ambiente. De hecho, esas micropartículas que llegan a los mares afectan a 267 especies de peces, tortugas y otros animales acuáticos, por la obstrucción o ingesta del plástico.

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Si es difícil entender el impacto con los datos que he compartido hasta ahora, solo imagine que si los 500.000 sorbetes que se producen cada día en EE.UU., se ataran como una vara larguísima, le daría la vuelta a la tierra 2,5 veces. Ese dato solo refleja que estamos produciendo plástico que nos excede y toda esa basura termina en nuestros océanos.

Hace poco, un equipo de investigadores descubrió un parche de residuos plásticos cerca de las costas de Chile y Perú. El impacto fue tal, que los investigadores llamaron a este descubrimiento la isla de basura, que está compuesta en un más de 40% por sorbetes.

isla-basura

De hecho, hay países que ya trabajan desde sus políticas públicas por erradicar este mal. La Secretaria Ambiental de Escocia está elaborando un plan para prohibir el uso de pitillos para el 2019, y así evitar la contaminación marina.

No pedir sorbete es una responsabilidad como consumidores, pero sabemos que nos falta educarnos. Por eso la iniciativa de Crepes & Waffles es lo que necesitamos. Falta que más restaurantes se sumen e impulsen el no consumo de sorbetes y generar un verdadero impacto.

Mejor-sin-pitillo

No quiero generar molestias negando el uso de sorbete

Si usted es gerente de un restaurante, seguro pensará en cómo reaccionarán sus clientes cuando les diga que no tiene sorbetes porque le interesa cuidar el planeta. Si eso le preocupa, una buena práctica es regalar un sorbete de bambú (son 20 veces más costosos, pero es una solución) para que el cliente lo reutilice. Son naturales, no generan contaminación y pueden ser lavados. También puede venderlos para que el comensal lo compre para tenerlos para uso repetitivo.

Las alternativas existen, solo hay que ponerle ganas. Lo más importante es que los restaurantes entiendan la importancia del impacto ambiental de sus decisiones y cómo pueden ser parte de la solución y no del problema.

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