Así nació el proyecto San Roque Orgánico

Foto: Equipo de San Roque Orgánico recibe premio por parte de IBM Ecuador. En la imagen de izquierda a derecha: Emmanuel Mendoza, Ivanna Zauzich, Vanessa Barbery (Especialista en Transformación Digital de IBM), Blanca Chicaiza, Diego Villagómez y Daniel Rodríguez.

En este texto les contaré cómo nace San Roque Orgánico, qué es y hacia dónde se perfila. Durante mucho tiempo me propuse impulsar la gastronomía ecuatoriana, pero en el camino identifiqué muchas fallas. Una recurrente es que varios restaurantes y cocineros  se jactan de trabajar de cerca con el agricultor, pero solo cosechan la papa para la foto. No entienden el trabajo de la tierra y menos aun valoran el trabajo del campesino. Así que la cadena solo empieza en el supermercado -con todo empacado en bandejas de espumaflex con plástico film- y olvidamos el trabajo que hay detrás.

Los periodistas (con blog o sin él) y los storytellers en gastronomía también lo olvidamos. Estamos tan concentrados en contar historias sobre la experiencia de la comida ecuatoriana y lo rico que es un locro, que invisibilizamos el producto, digamos las variedades de papa, y cómo llegaron a las manos del chef/cocinero.

Al ver eso nació la necesidad de entender lo que pasa con nuestros campesinos y mercados como epicentro de los barrios, esos espacios reales donde la vecina enamora a sus clientes con frases bonitas, para vender su producto. Quienes trabajan allí son la parte real de la gastronomía, luchan cada día y sus hijos y nietos heredan sus labores y se convierten en generaciones enteras que hacen lo mismo, aunque han visto disminuir la cantidad de productos que vienen de la tierra, por un tema de oferta y demanda.

Por ejemplo, las 400 y pico variedades de papa que tiene Ecuador, ya solo se comercializan nueve, si acaso, porque el consumidor no pide más y el agricultor se adapta a lo que le genera ingresos. Entonces las más populares son la papa chola, superchola, esperanza, chaucha, blanca, jubaleña, papa rompe, Gabriela, bolona…pero la yana shungo, con su corazón morado oscuro no es tan popular y se va perdiendo.

Entender esta realidad me hizo embarcarme en un proyecto que al inicio era nebuloso. Quería ayudar al agricultor a vender más, también eliminar al intermediario para que el campesino reciba lo justo por su trabajo y que las personas, como usted o yo, valoremos más los mercados que a las grandes cadenas. Mi mente estaba a punto de explotar de tantas ideas y buenas intenciones, entonces entendí que necesitaba enfocarme en un solo problema, para buscar una solución real.

Cómo empezó la idea

La semilla de San Roque Orgánico fue una hackaton de un reto de emprendimiento urbano convocada por Impaqto. A través de un formulario digital con una serie de preguntas se postulaba y ellos hicieron un proceso de selección. Los elegidos terminamos trabajando un sábado de diciembre del 2018, en una casa en el Barrio San Marcos. Allí elegimos a nuestro equipo por afinidad y terminé con el mejor de ellos:

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Durante 8 horas hicimos ejercicios de Design Thinking para entender el problema, enamorarnos de él, buscar qué hacen los competidores, entender las fortalezas del proyecto, entendernos como equipo, hacer un prototipo y presentar la iniciativa a jurados. El premio eran USD 10.000 para comenzar y al ver al equipo trabajando, aún con discrepancias, se notaba la pasión de todos.

El proyecto San Roque Orgánico

El Mercado San Roque alberga 3.500 familias que trabajan cada día en diferentes actividades de comercio. Una de las problemáticas más graves del lugar son las 10 toneladas diarias de desechos orgánicos que ensucian y lo hacen un espacio poco amable para los clientes, y las personas que trabajan allí.

San Roque Orgánico comienza alimentándose de esos desechos, a través de compost, para crear un huerto orgánico en el techo del mercado, usando tecnología para mantener las condiciones para el cultivo de tomates, lechuga y algunas hierbas. Ese es solo el principio, ya que este proyecto cuenta con 40 hectáreas de terreno en Amaguaña, que pertenecen a varias organizaciones del mercado, para usar el resto de los desechos y cultivar allí a gran escala frutas, verduras y hortalizas orgánicas. Las personas podrán visitar el terreno, interactuar con la tierra y llevar una canasta orgánica a su casa.

San Roque Orgánico es un actor que impulsa una mejor nutrición y revaloriza el poder del mercado como epicentro de la identidad quiteña. Es una iniciativa para fortalecer la calidad de vida de 3.500 familias que viven, comen y se forman gracias a ese lugar que necesita ser conservado y reestructurado para las nuevas generaciones.

El premio

Unos días después recibimos la noticia de ser seleccionados para la ejecución del proyecto y obviamente recibimos el premio. Este fue otorgado por IBM Ecuador que fue auspiciante, y su motivación es el uso de tecnología en el sector agrícola. A escala mundial, este gigante tecnológico está apoyando diversos proyectos de cultivos para optimizar recursos y mejorar las cosechas.

Cuando pienso en la tecnología al servicio de la producción de alimentos a escala mundial, solo puedo pensar en lo mucho que debemos recorrer en Ecuador. IBM, por ejemplo, tiene un proyecto de blockchain para asegurar la trazabilidad e inocuidad de los alimentos y evitar intoxicaciones o virus, que podrían afectar a cierta parte de la población. Mientras en Ecuador todavía creemos que blockchain es parte de una moneda virtual (bitcoin) inventada por un japonés.

San Roque Orgánico, entonces, es un proyecto lleno de pasión pero es la primera piedra en una estructura que une la agricultura y la tecnología, para asegurar una mejor alimentación en Quito. Esta es nuestra forma de aportar un grano de arena, junto a Impaqto e IBM, en una soberanía alimentaria, no de papel e inventada, sino real y avalada por los nuevos desarrollos tecnológicos.

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