5 razones para enamorarse de Dough, en Quito

El amor a segunda vista existe. Resulta que hace un mes (agosto del 2018) estuve en esta cena pop up que se hizo en una panadería gourmet. Estaba tan concentrada en los platos que no le puse suficiente atención al lugar en el que me encontraba. Solo cuando me paré a pagar la cuenta pedí un cheesecake de dulce de leche para llevar, que estaba al lado de la caja, en una vitrina de cristal. Al otro día, sin tener ganas de cocinar, recordé aquel postre y lo convertí en mi desayuno.

 

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La conexión fue inmediata, como una buena cita: no era empalagoso, me gustaba su sabor  y después lo pensé todo el día, al cheesecake, me refiero. En ese momento fui consciente de que la magia venía de Dough, La Cafetería. Así que decidí encontrar cinco razones para enamorarse de este local, ubicado en la Valladolid N24-658 y Rubio de Arevalo, en Quito. 

1. Los sánduches

Fui una segunda vez, esta vez a almorzar para ver qué tenían. Encontré que hay ensaladas: con rúcula, parmesano y pechuga de pollo y otra de pera que mezcla esta fruta con cebollitas fritas, palmito fresco, aderezo de vino tinto y moras. Iba a tratar de tomar el camino sano, pero cuando uno se enamora debe mostrarse como es, así que escogí uno de los sánduches.

No quiero alargar el cuento pero había con jamón serrano, queso manchego y tomates secos.

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También había de roast beef con mostaza dijon; lomo con parmesano, champiñones y queso semi maduro; uno vegetariano en pan ciabatta con champiñones, tomates cherry salteados en vino blanco, palmito y aguacate...al final me decidí por un pulled pork de cerdo en cocción lenta acompañado de cole slow.

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Al igual que con el cheesecake, la conexión fue inmediata. Además, le pegué un mordisco (no autorizado) al sánduche de mi acompañante quien pidió el de jamón serrano y queso manchego. Definitivamente el potencial de Dough es escoger bien sus ingredientes y hacer un pan de otro nivel, de esos que pocos locales saben. De hecho, hace poco me comí una hamburguesa en un reconocido restaurante y todo estaba rico, pero su pan estaba seco y quebradizo. Así que quien crea que el pan es irrelevante, está muy equivocado.

2. Los huevos benedictinos

El almuerzo estuvo bueno, pero había una prueba de fuego: los huevos benedictinos. Dicen que el origen de este plato se dio en Nueva York (EE.UU.). Resulta que un tal Lemuel Benedict estaba enguayabado (resaca en México / o chuchaqui en Ecuador) y ordenó una tostada con huevos escalfados y salsa holandesa (bernesa). Uno de los empleados del hotel identificó el potencial del plato, pero cambió la tostada por un muffin inglés y así surgió esta preparación icónica, que lleva el apellido de aquel fiestero de buen paladar.

Yo suelo probar estos huevos en diferentes partes y son pocos los lugares que repito. Entonces este plato era crucial para mi relación con Dough: allí sirven los huevos sobre tostadas de pan de campo, con jamón de pierna ahumado con la salsa holandesa que caracteriza esta preparación y acompañado de ensalada de pera, esa que lleva cebollas crocantes y un aderezo de vino tinto y moras.

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3. Sirven desayunos todo el día

Me da hasta vergüenza confesarles cuántas veces he comido este plato, incluso lo he pedido de almuerzo. Justamente en Dough sirven los desayunos todo el día, lo que es un valor agregado para quienes amamos la primera comida del día.

Es horrible llegar a un lugar, que el mesero se confunda de carta, uno se antoje de un tigrillo o una porción de nata, y el hombre, incómodo, responda que los desayunos solo se sirven hasta las 11 del día. Honestamente amé que en Dough no tengan ese sesgo sino que la cocina funcione así, para complacer al cliente. 

4. Los postres

Mi debilidad son los postres. Estoy segura que en mi cuenta de Instagram más de la mitad de las fotos tienen que ver con dulces. Después de probar aquel cheesecake, sabía que había potencial. Otro día aposté por el pastel de chocolate que es una torre de unos 16 centímetros.

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La masa estaba esponjosa y creo que en cada bocado hice ruidos de placer. Espero que nadie me haya escuchado, ni que mi novio lea esta nota.

 

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También probé el pecan pie que lo sirven con una bola de helado y caramelo. Juraba que el pastel de chocolate había sido mi postre favorito, pero este le quitó el lugar. Lo sirven medio caliente y el helado se va derritiendo. Creo que si quiero mantener mi cintura me va a tocar renunciar a este lugar.

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5. Conservas y panes

Me encanta, además de comer en un lugar, tener la opción de llevar cositas. No sé, unos pimientos morrones en aceite de oliva y un pan para comer en casa con una copa de vino. En Dough hay cebollitas, ají rocoto, mermeladas, pasta de tomate y panes elaborados con su know how, para llevar a casa y disfrutar de lo que hacen.

 

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Dough, que queda a una cuadra de mi oficina, es mi nuevo lugar favorito. Son jóvenes emprendedores, no son pretenciosos (como muchos chefs), apuestan por la calidad y siempre atienden de forma eficiente y con una sonrisa. No hay forma de que uno escape al encanto de esta cafetería. Espero encontrarme más sitios así y no engordar en el intento.

Datos importantes

  • Abre todos los días de 07:30 a 20:00
  • Precio promedio de sánduches: USD 10
  • Precio promedio de los desayunos: USD 6
  • Precio promedio de los postres: USD 3
  • También hay: galletas, panes, bebidas...

¿Cómo llegar a Dough, La Cafetería en Quito?

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