Juzgar menos por el empaque y más por la esencia

Columna de Opinión

Estamos en un mundo que juzga por el empaque. Un tercio de la decisiones de compra se hacen por el packaging, según un estudio de Asia Pulp Paper, así que ver el éxito de empresas como Starbucks con sus vasos bien diseñados y una gran estrategia de marketing detrás no es sorpresa.

Sin embargo, esas grandes maquinarias olvidan la esencia. Hace poco, en noviembre del 2016, estuve en Medellín y conocí una cafetería chiquitica - de hecho tuve que googlear para recordar su nombre- llamada Cocolatte. Tenían variedades de café asombrosas, quienes atendían eran baristas profesionales y tan apasionados por lo que hacían que la experiencia allí era para enamorarse. Sus vasos o local no tenían la estética del gigante de café gringo, pero definitivamente había más alma. A pesar de eso olvidé su nombre y Starbucks sigue dominando mi decisión de compra cuando llego a un aeropuerto (obvio que el buen wifi también tiene que ver).

Porque el mundo está jodido por juzgar por los empaques y eso está afectando la gastronomía. En Ecuador tenemos chefs asombrosos con pequeños restaurantes, pero los lugares que viven llenos son las cadenas de sushi o el American Style Food. Y eso me incluye con el ranking de hamburguesas que se publica la otra semana en este mismo blog. Porque la técnica ancestral e ingredientes locales le funciona a algunos pero en Ecuador convencer al comensal de que lo propio es bueno, se vuelve un reto cada vez más difícil.

Más aún con cuentas en redes sociales como Tasty que producen videos de sánduches con cantidades industriales de tocino o postres con el equivalente a una volqueta de azúcar, que hacen que las personas decidan qué quieren comer. Evidentemente no irán a un restaurante de nueva cocina ecuatoriana, menos al mercado. “La gente quiere lo que internet vende”.

Esta crítica comienza conmigo y cómo he juzgado por el empaque. He cometido muchos errores haciendo periodismo gastronómico y he aprendido con ellos, pero hace poco cometí uno grande. Juzgué a un emprendedor por su empaque, creí que su negocio era algo vacío porque tenía pinta de Starbucks. Buena pinta, lindo logo, vasos ‘sexis’...creí que detrás de eso no había esencia ni alma, pero la verdad es que -tanto el emprendedor como su negocio- la historia es inspiradora y sus ganas de querer cambiar al mundo son reales.

"Él ha tenido que vivir con los estereotipos. Ser juzgado en su emprendimiento por ciertos gustos. A eso me refiero con no juzgar por el empaque, lo hacemos tanto que hasta que no quitamos las capas de las personas no sabemos sus reales motivaciones".

El mundo no es tan sencillo; está lleno de empresas con lindo packaging como Starbucks que quizá tengan una misión social y estén generando un impacto positivo en comunidades, como lo hace Pacari que vende sus barras en 40 países, pero en Ecuador ha mejorado la calidad de vida de los campesinos. También hay las pequeñas organizaciones que quizá tengan como objetivo solo generar ingresos, mientras sus empleados no viven una cultura organizacional inspiradora. O están los restaurantes que solo trabajan con ingredientes locales porque es una moda, pero no quieren un desarrollo de los agricultores que producen esos alimentos.

Hay que comenzar a trabajar en quitar capas y conocer mejor a las personas. En especial los periodistas que vivimos tan rápido, buscando notas y solo nos fijamos en lo que trae tráfico, el periodismo de clicks que llaman. Debemos aprender a conocer las historias detrás de las tendencias, cómo el trabajo de los emprendedores mejora las comunidades. Entender desde su modelo de negocio -con lindo packaging o sin él- están cambiando el mundo un paso a la vez.

Al escribir esto solo puedo recordar la película Ratatouille y la crítica final que hizo Anton Ego:

"En el pasado, jamás oculté mi desdén por el famoso lema del chef Gusteau's "Cualquiera puede cocinar", pero al fin me doy cuenta de lo que quiso decir en realidad: no cualquiera puede convertirse en un gran artista, pero un gran artista puede provenir de cualquier lado".

Este emprendedor, al que me refiero en este texto, es un gran artista en su ramo y no proviene precisamente del lugar que uno se imaginaría, pero ha transformado sus dificultades en oportunidades.

Es la lección que me llevo de este suceso, que me mostró que el mundo va más allá del blanco y negro, y son las zonas grises las que muestran la verdadera esencia. Lamentablemente yo juzgué muy rápido y eso afectó mi profesionalismo. Pero para qué se tiene un blog si no es para pedir disculpas cuando se cometen errores. Esta es mi primera columna que tiene ese propósito, y con la que me llevo un gran aprendizaje.

2 Respuestas

  1. Excelente columna Ivanna! Mil felicitaciones por tu gran blog, que lo sigo siempre!
    Gracias por el trabajo que estás realizando en el mismo, realmente me alegra saber que le estás dando tanto énfasis al mundo gastronómico aquí en Ecuador y creo que siempre ha hecho falta una crítica constructiva y un análisis concreto dentro de este mundo.
    He venido preparándome para ejercer más a fondo el marketing gastronómico en mi país y por ello me alegra saber que por tu parte estás haciendo un gran trabajo.

    • Gracias Verónica y me encanta que estés en la rama del marketing gastronómico. creo que hay mucho trabajo por hacer, para impulsar a Ecuador como un destino y todos, desde nuestros frentes, ayudamos a hacerlo. De nuevo gracias por el mensaje.

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