Ignacio Medina y su reflexión sobre Mistura

Ilustración: cadenaser.com

Un artículo del crítico gastronómico Ignacio Medina desató la furia en Perú. Se trata de su reflexión sobre el declive de Mistura como festival gastronómico, que este 2016 cumple su novena edición. En la nota, publicada en El País, describe la evolución del evento y cómo tuvo su auge los últimos años hasta languidecer por su propia ambición.

Era evidente el enojo de aquella parte peruana, atrapada por el chauvinismo. Un término adaptado del patriota francés Nicolas Chauvín, un personaje de guerra del que se decía que su heroísmo era proporcional a su exhibicionismo y falta de modestia. Ese chauvinismo hacia su gastronomía ha hecho que Perú, si bien es un referente culinario, se ha enfocado tanto en este aspecto que ha olvidado todo lo demás.

Fue ese orgullo el que hirió Medina, pero lo hizo con argumentos, como lo hace un buen periodista. Los que se oponen a su reflexión se escudan en la nacionalidad española del crítico y aducen que no debe hablar mal del país en el que vive hace seis años. A esas personas hay que decirles que ese argumento es nulo, vacío y no ayuda a construir. Lo que ayuda a mejorar es la crítica, no importa si viene de un francés, un español o el mismísimo Gastón Acurio, quien fue el visionario de Mistura.

"Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás es relaciones públicas". George Orwell

Por otro lado surge una ola de peruanos de acuerdo con lo que dice Medina. Twitter no se hizo esperar con comentarios en favor y en contra del español. Prevalecieron los que aceptaron la crítica y quieren que las cosas mejoren, pero no diciendo que todo está bien sino tomando lo negativo para transformarlo en algo positivo. Porque la cocina, y sus festivales, son dinámicos: se alimentan, crecen, evolucionan y mejoran. Si la cosa es solo alimentarse, crecer y crecer, lo único que queda es morir.

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Como esos tuits, hubo cientos que apoyaban al crítico español. En mi caso reconozco la influencia que ha tenido Medina en los periodistas gastronómicos más jóvenes. Los que apenas estamos empezando vemos su trabajo como un referente. Y obvio, me he enojado con él muchas veces, porque ha criticado a Ecuador (el país donde vivo hace una década) y a Colombia (el país en el que nací y viví casi toda mi vida) por la tibieza de la gastronomía en ambos países.

No concuerdo con él: Ecuador tiene mucho potencial y vamos por buen camino. Colombia es otro cuento, sus restaurantes están posicionados pero sí falta más investigación. Sin embargo, su crítica es buena, porque nos despierta, nos hace cuestionar y así mejoramos.

Mistura debe reinventarse. He ido a dos ediciones de este festival y he visto en el monstruo en que se convirtió. Y esta bien que sea enorme, con tentáculos que abarquen a toda la sociedad, pero dejando un verdadero impacto social, más que el negocio en sí.

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Puesto de tubérculos andinos en el mercado de Mistura en 2013 / Foto: Ivanna Zauzich

La crítica de Medina debe ser vista como esa dosis vital para revivir a Mistura y así cuestionarse, reflexionar y reinventarse. Es de la única manera en la que vivimos para evolucionar y vamos más allá, hacia lo disruptivo.

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