Opinión: El facilismo de los bowls

Algo está pasando con la nueva generación que impulsa una propuesta gastronómica en la que prima el kale (es impensable decirle col rizada) y los arándanos. Todo servido en bowls con otros ingredientes, que normalmente son superfoods.

Hace poco, tenía 5 minutos para almorzar, y comí en un lugar que oferta bowls y wraps. Pedí un bowl con mazorca dulce, quinua, pollo, fréjol negro y una tonelada de salsa BBQ. Fueron los USD 6 dólares peor gastados.

Yo no soy crítica gastronómica, pero no hay que serlo para saber que algo está pasando con la gastronomía ecuatoriana. Unos se enfocan y apoyan el odio de algunos cocineros, otros culpan la ausencia de crítica gastronómica, para otros es que no hay unión con el agricultor. Todo eso cuenta, pero uno de los mayores problemas que debe enfrentar la cocina ecuatoriana es la nueva generación de comensales. Su inclinación por la cultura fitness y los bowls con superfoods son un reto que los cocineros deben abordar.

El panorama de Ecuador sazonado por el odio

El panorama en Ecuador es difícil para los cocineros. Muchos restaurantes clausuran porque no tuvieron acogida. Incluso yo he hablado sobre muchos de ellos porque me ha encantado su propuesta, y la he compartido porque siento que valen la pena. No escribo de ellos por llenar su orgullo, sino porque creo en lo que hacen. La labor del periodista gastronómico es contar lo que ocurre en la cocina, de frente y detrás de ella.

"En ese sentido, equivocarnos es válido para crecer. Solo así llegamos a ser un pilar en el desarrollo de la gastronomía"

El problema es que mientras las buenas propuestas cierran y algunos cocineros se ríen de ello (de sus colegas), los locales de bowls y wraps crecen de forma desmedida, franquicias con decenas de locales en el país, generando la facturación que un pequeño restaurante no tendrá jamás. Y sí, ya sé que los cocineros de alta categoría no hacen esto por amor al dinero, sino por su pasión por la cocina, pero esta data de nuevos locales sí debería alertarnos sobre  lo que pasa con el nuevo comensal en Ecuador. Seguro muchos pensarán que las malas propuestas caen por sí solas, como ocurre con los food parks, pero ¿y si no? y si los jóvenes quieren seguir comiendo en su cotidianidad bowls con kale y sweet corn.

La nueva generación, con sus estrategias de influenciadores sin ética, concursos en Instagram de "etiqueta a tres amigos allí, ponle mensaje a dos amigas allá y sígueme en YouTube, Facebook y Snapchat para ganarte un bowl", es algo que debe analizarse.

Esta comida que básicamente se compone de varios puñados de ingredientes que ni se mezclan y tiene toneladas de salsa encima para tapar lo insipidez del arroz integral no revaloriza la cocina ecuatoriana y daña el paladar de los jóvenes. La historiadora gastronómica cuencana Nydia Vázquez, explica que es gracias a esta generación que la cocina ecuatoriana está en peligro, porque prefiere las salsas tipo ranch o soya a sentir los sabores de verdad.

Obligar a esta generación a que coma menos bowls y más corviche no es una opción. Pero quizá exista una tendencia de cocina ecuatoriana que evolucione hacia este nicho, usando productos locales y frescos, y menos sweet corn. 

El debate está abierto y es clave trabajar unidos para generar un cambio de verdad. El odio es un ingrediente que no aporta en la cocina ecuatoriana. Tampoco tener una sola voz disfrazada de gremio. Sabemos el daño que eso ha hecho en el pasado y ahora se ha transformado en fan pages que dicen ser una sociedad pero solo es una pluma. Necesitamos trabajar en equipo y escuchar al nuevo comensal, atraerlo a las nuevas propuestas de cocina ecuatoriana, que supera en calidad a los bowls. 

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