Enrique Sempere y su pasión por la gastronomía

“Para ser buenos periodistas hay que ser buenos seres humanos”. -Ryszard Kapuscinski-.

Esta es una frase magna del periodismo que indica que ante todo hay que ser buenos seres humanos porque así se comprende a los demás, con sus intenciones, intereses y se puede ser parte de su destino. Es una frase que tiene sentido, pero ¿qué hay de las otras profesiones?. Nunca había pensado en lo buenos seres humanos que son los cocineros, hasta que conocí a Enrique Sempere.

A Quique, así se le dice por cariño, lo conocí en el congreso Latitud Cero 2014 y su presentación fue fantástica. Preparó dos platos tradicionales (hornado y encebollado) con la técnica de cocción al vacío que sella en un paquete los ingredientes y se cocinan a baja temperatura por varias horas potenciando el sabor.

El sello de Quique es la investigación de técnicas que suma a la innovación. Además usa producto local, valora cada región del país y conjuga, en su cocina, todo para contar una historia que refleja la diversidad del Ecuador. Una vez, por ejemplo, preparó un pescado amazónico sobre puré de mashua morada. Servido con sacha inchi, que es el maní amazónico, y tubérculos andinos ahumados con humo de páramo.

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Esa pasión por Ecuador la forjó con su experiencia. Trabajó en el Royal Palm en Galápagos y en el antiguo restaurante Patria en Cumbayá y ahora es chef en The Market, un restaurante con un propuesta de cocina urbana. Pero Quique es más que sus credenciales; irradia una energía que hace que el resto se sienta cómodo, y tiene un corazón enorme.

"Quizá los periodistas sean buenos seres humanos, pero los cocineros son más. Enrique Sempere es un reflejo de que la bondad es clave para interpretar los sabores de un país".

Entre los chefs siempre existe algo de recelo, pero Quique es la pieza que encaja entre todos, siempre con una sonrisa y un consejo se ha ganado el respeto de los cocineros jóvenes y mayores. Justo este quiteño tiene 38 años y está en la mitad de ambas generaciones; los de veintitantos y cuarentaytantos que luchan por un espacio.

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Quique no se estresa en esa lucha, a él le basta con ser buena persona. Todos le aprecian y eso se nota en los congresos de gastronomía, donde sus colegas le piden consejos. Mientras que los estudiantes observan sus presentaciones con cuidado para no perderse ningún detalle de su experiencia. En una de sus exposiciones, este chef preparó un seco de carrillera, que es el cachete de la vaca, con chicha de jora. 

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Sea por sus recetas o por su carisma, este chef es difícil de ignorar. También ayuda que mide 1,87, por lo que es fácil verlo desde cualquier lugar. Además, siempre está rodeado de periodistas de TV que lo entrevistan y él, por supuesto, tiene una sonrisa de hornado que conjuga con su lado coqueto.

Esa facilidad de hablar ante las cámaras, le trajo un nuevo reto. En un par de semanas estará al aire en un programa de cocina llamado La Cuchara Criolla y está grabando en diferentes partes, mostrando lo que es: un cocinero de corazón orgulloso de Ecuador y sus sabores. 

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Una regla del Periodismo Gastronómico es no acercarse a las fuentes, para no viciar la investigación. En mi caso rompí esta regla, porque Quique se volvió un amigo y me ha inyectado energía para seguir contado historias. Es imposible ignorar a una persona tan especial, que solo busca el bienestar de los demás.

Quizá los periodistas deban ser buenos seres humanos, pero los cocineros son más. Su carrera es durísima: muchas horas de pie, aguantando calor en la cocina, trabajando feriados y Navidad, sin ver a su familia. Además, tienen que aguantar a críticos gastronómicos que con una palabra pueden acabar con su carrera. Ser cocinero no es fácil, pero Quique vibra con su profesión, y no le importa el lado difícil,  ya que afronta los retos con una sonrisa.

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