La cultura del té crece en Ecuador

Los constructos sociales son entidades institucionalizadas para obligar un comportamiento que supuestamente existe, pero es totalmente inventado. Así nace lo de los hombres no lloran, que un picnic solo es para parejas o que una mujer debe ser casta y pura, sino no sirve. Esos mismos constructos afectan la gastronomía e indican parámetros absurdos como: si no es porción grande no llena o que hay que consumir café porque es propio y el té es importado.

Primero hay que entender las diversificaciones del té. El consumo de té helado embotellado ha crecido exponencialmente en Ecuador, pero este texto se refiere más al té en hebras que guarda una clase de purismo. De hecho, a escala mundial, este tipo de té es la segunda bebida más consumida, detrás del agua (no del café), aunque claro que ayuda si los principales consumidores son los países asiáticos que son monstruos en tamaño y población.

La evolución de esta bebida se ha visto en todos los sentidos. De hecho, hubo una época en la que se creía que el té verde y negro procedían de plantas distintas, sin embargo los seis tipos principales (blanco, verde, negro, Oolong, aromatizado y prensado) y las múltiples variedades que hay dentro de cada categoría, son el resultado de los diferentes métodos de elaboración.

Variedades de

  • El té blanco, por ejemplo, sale de los brotes más jóvenes de la Camelia sinensis, que son secados al sol. Por ese proceso tiene alto contenido en antioxidantes y solo contiene 1 miligramo de cafeína (mientras el café bordea los 40 mg).
  • El té verde es diurético ya que posee antioxidantes y previene el envejecimiento.
  • El oolong, también conocido como azul, es semifermentado ya que sus hojas se colocan en paños grandes que se exponen al sol por una hora, donde se inicia una ligera fermentación.
  • El té negro incluye un proceso de marchitado, enrollado, fermentación y secado, que se caracteriza por tener un efecto energizante.
  • En cuanto al té rojo, conocido como pu-erh, es depurativo y elimina grasas.

Pero además de las variedades reconocidas, cada emprendedor prepara sus mezclas con tonos de rosas, piña, papaya, flores silvestres o guayusa...

De hecho, la Amazonía ecuatoriana es una gran productora de esta planta con propiedades energéticas que se consume como una variedad de té en el mundo. Es decir, el té "no es profeta en su propia tierra", porque Ecuador tiene una cultura de aguas preparadas con atados de hierbas. Es decir, la tradición existe, pero de alguna manera el café ha estado más presente. Sin embargo, esa dinámica cambia cuando surgen locales de té como Amatea Tea Shop, Tippytea Blends, entre otros. 

Cuenta de Instagram Amatea Tea Shop

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Cuenta de Instagram Tippytea Blends

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Ambos locales se expanden por la creatividad de sus mentalizadores que manejan un equilibrio entre el purismo de las variedades de té y la innovación de añadir tonos y sabores para mejorar la experiencia. El té verde, que es desintoxicante, se sirve con tonos frutales para que sea una bebida depurativa y rica a la vez. Entonces el consumo de té no solo sirve para ese ritual de conversar con una bebida caliente, sino como una bebida refrescante para los días calurosos en Quito y Guayaquil, porque -por ejemplo- Tippytea Blends abrió un local en esa ciudad costera. 

¿Café o té?

Ya no se trata de una guerra sino de diversificación. Las grandes cafeterías como Sweet & Coffee o Juan Valdez ofrecen café y té en sus cartas y hay consumidores que disfrutan de un espresso o un té chai, indistintamente. 

La clave está en la especialización, porque ahí es donde se puede innovar con mayor rapidez. El gigante cafetero mundial Starbucks, en 2012, anunció la adquisición del gigante del Teavana por USD 620 millones porque sabía que no iba a empezar de cero en una rama que requiere conocimiento. Con esta compra reforzó su posición en el mercado de esta bebida que genera ganancias por más de 50.000 millones a escala mundial.

En Ecuador falta reforzar la cultura del té, pero va por buen camino. Aún faltan más competidores, innovación y consumidores que se pasen "al lado claro de la fuerza" (el café sería el oscuro, por si no entendieron). O mejor aún, que haya la cultura de tomar café y té sin problema. Se trata de no seguir constructos sociales, como que el té es para abuelitas o mujeres que quieren hablar por horas. Porque el té es una bebida dinámica que puede llevarse camino al trabajo y deja un buen sabor. Son las nuevas generaciones las que rompen esos paradigmas e impulsan la cultura del té. 

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