Carménère, una variedad que se creyó extinta

El Carménère es el niño perdido de los vinos; si esta cepa de origen francés tuviera rostro, hubiera salido en los cartones de leche de EE.UU. donde la costumbre, por la década de los 80’s, era ilustrar a un lado de la caja de leche con la fotografía de la persona desaparecida.

Su historia es trágica pero con un final feliz. Esta cepa era famosa en la región de Burdeos en el siglo XVIII, pero en 1860 desapareció por la filoxera, una plaga que afecta las raíces de la vid.

La cepa casi se extinguió y así lo creyó el mundo vinícola por años. Sin embargo, los vinateros españoles -quienes huyeron de aquella plaga y decidieron probar suerte en Chile- plantaron, sin saberlo, miles de vides de Carménère junto a carbernet sauvignon, merlot y sauvignon blanc.

Durante décadas se creyó que era una variedad chilena del merlot. La ausencia de un referente -por su supuesta desaparición 100 años antes- evitó que los enólogos supieran que en realidad se trataba de otra variedad de uva.

En las catas que se realizaban las discusiones eran las mismas. Pero fue en Viña Carmen, uno de los viñedos más importantes del país del sur, donde esta discusión tomó sentido.

-“Esto no es Merlot”, decía un experto.

- “Claro que es, no puede ser cabernet sauvignon”, respondía el otro.

-"¿Entonces qué?", se preguntaron todos los que estaban en el viñedo.

- "No sé pues, no sé qué planta es, pero Merlot no es", dijo con seguridad don Beto, uno de los trabajadores agrícolas con más experiencia.

Después de esta conversación notaron que entre los brotes de Merlot aparecía una hoja distinta: un poco más amarillenta, más redonda y lisa; y lo informaron. La duda comenzó a sembrarse.

A medida que pasaron los meses la diferencia fue más evidente, aunque el vino seguía comercializándose como Merlot. "Después de la segunda poda ese año, siguieron con la duda y apareció un experto francés quien terminó con la inquietud nombrando la cepa -que había generado infinitas discusiones-, como Carmenere.

Era 24 de noviembre de 1994. El francés era Jean Michel Boursiquot, un ampelógrafo (experto que identifica variedades de vid) que al llegar al viñedo de Carmen, donde se suponía que había Merlot, con solo una mirada se percató de que los trabajadores tenían razón: era una variedad distinta; se trataba del vino que se creía extinto.

Así apareció el hermano perdido de los vinos. Una de las más variedades más apetecidas del mundo y que le ha dado a Chile una personalidad vinícola.

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