Campaña contra el desperdicio de comida en Colombia

Un 20% de la carne de vaca, un 35% del pescado y un 45% de las frutas que producimos al año se pierden. Mientras eso sucede, 795 millones de personas en el mundo sufren desnutrición, es decir una de cada nueve personas, según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas.

Sabemos que América Latina no está exento de esa problemática, y es tan grave que hasta niños mueren como los las comunidades indígenas en La Guajira. Justamente en ese país, la marca de gaseosa Manzana Postobón lanzó la campaña Individual para Dos para transformar los individuales de los patios de comida en cajas para recoger las sobras y regalarlas a alguien que necesite en la calle.

La campaña Individual para Dos

Una buena campaña de marketing inicia con la investigación sobre una problemática específica y en este proceso Postobón identificó que en Colombia se desperdician 3.4 millones de toneladas de comida al año, gran parte en patios de comida y restaurantes. Lo peor es que la comida que se desecha está en buen estado y debe botarse por regulaciones de las franquicias. Mientras esta barbaridad ocurre en nuestras narices, 40.000 habitantes de la calle (en Colombia) no tienen nada para comer.

La campaña de Postobón se planteó como objetivo modificar la cultura del desperdicio y adoptar el hábito de compartir con alguien de la calle. Para lograrlo, diseñaron un individual que se transforma fácilmente en caja para recoger las sobras y llevarlas a alguien de la calle. En este proceso, la comunidad digital ha acompañado la conversación con una concienciación a compartir alimentos que tengan buen aspecto. Es decir, evitar el pollo mordido o la mazorca a medio comer y ser más conscientes a la hora de compartir.

Este es el video completo de la campaña

La crítica

Como siempre, hay críticas a esta campaña que dicen que regalar sobras no soluciona el hambre de un país. Probablemente es cierto, ya que para mejorar este aspecto debe haber políticas públicas enfocadas en que las personas de la calle tengan acceso a un empleo y mejoren su calidad de vida. Sin embargo, si eso ocurriera (en un mundo perfecto) la gente seguiría desperdiciando la comida.

El problema real es que nos hemos acostumbrado a pedir grandes porciones y botamos sin reparo la comida. O se llenan los refrigeradores de comida que perece y debe botarse porque somos incapaces de medir y comprar lo necesario. Quizá un individual que se transforme en caja no es la opción para acabar con el hambre pero sí hace cuestionar a las personas sobre el privilegio que tienen al tener un plato de comida asegurado y que pueden compartir parte de él con alguien de la calle.

Para mí esta campaña es asombrosa porque unió el diseño de producto (el individual) con la comunicación digital y atacó un problema real con investigación. Esta iniciativa es un buen ejemplo de marketing gastronómico y cómo una marca impulsa una conversación positivo sobre una problemática social.

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