Los alimentos que no probarán nuestros nietos

Hay un capítulo de Futurama en el que Fry se vuelve millonario, ya que su cuenta bancaria, de hace 1.000 años, con 93 centavos genera USD 4.000 millones en intereses.

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Su nostalgia por el siglo XX le hace ir a una subasta en la que compra, entre otras cosas, una lata de anchoas -ya extintas- por más de USD 50 millones.

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Ojalá esto fuera simple imaginación de los guionistas de la serie animada. El mundo no está pasando por su mejor momento. Alimentar a 7.000 millones de personas no es tarea fácil y las grandes corporaciones no facilitan la situación.

La anchoa, víctima de la sobreexplotación pesquera, está al borde de la extinción. Los estudios científicos han constatado que esta especie corre el peligro de desaparecer si no se modifican los patrones de pesca actuales. Durante un buen mes, en España se pescaban cerca de 4.500 toneladas de este pececito y ahora se ha reducido a 720 toneladas. La merma de la pesca es evidente.

La anchoa no es la única especie que está en peligro de desaparecer. En EE.UU., por ejemplo, se solían criar 20 variedades de ganado. Hoy, una sola raza, la Holstein Friesians, es el 90% del ganado lechero de ese país, y otro 4% es el ganado Jersey y el resto son las otras razas que representan una minoría.

El patrimonio alimentario está en peligro de extinción. Cuando los indígenas choctaw fueron expulsados de su hogar nativo en el sur de EE.UU. a principios del siglo XIX, llevaron cerdos choctaw con ellos al establecerse en Oklahoma. Los cerdos proporcionaron sustento durante el camino y cuando llegaron a Oklahoma los criaron igual que lo habían estado haciendo en su antiguo hogar. Estos cerdos, sin embargo, no pueden competir con razas  industrializadas y ahora solamente tres personas crían los aproximadamente 100 animales que aún existen.

Hablando de patrimonio alimentario, Ecuador tiene cerca de 400 variedades de papas nativas de todos los colores y formas, según una investigación del Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias (Iniap). Sin embargo, en los mercados se consiguen máximo 20 tipos. La Yana Shungo, con su color morado intenso, que se cultiva sobre los 2.800 metros y otras especies desaparecen, porque hoy la agricultura es sobre todo un juego de números. EE.UU., por ejemplo, según registros históricos perdió el 86% de sus variedades de manzanas. Solo sobrevivieron las mejoradas y comerciales.

Este abuso tiene un resultado devastador. En comparación con el año 1900, aproximadamente el 75% de la diversidad global de plantas cultivadas ha desaparecido. A pesar de toda la diversidad guardada en el banco de semillas, muchas más cepas se han extinguido y aún más están a punto de extinción. Porque guardar semillas no es la clave, sino cultivarlas. Si no se siembran se pierden, explica Richard McCarthy, director ejecutivo de la organización Slow Food en EE.UU.

Quizá el caso más alarmante es el de las abejas que están muriendo por la agricultura moderna. La culpa es de los plaguicidas para eliminar los insectos y así evitar que afecten a los cultivos mundiales para que la producción aumente.

Este fenómeno se llama: “problema de colapso de colonias” y consiste en la desaparición de un volumen grande de abejas obreras de la colmena. Hay una frase famosa que dice “si la abeja desaparece de la superficie del planeta, entonces el hombre solo tendrá cuatro años de vida. No más abejas, no más polinización, no más plantas, no más animales, no más hombre”.

Sin hombre no habrá vino, pero esta bebida no tiene un panorama tan desalentador. Una intensa investigación ha rescatado más de 20 variedades de vid españolas en vías de extinción y ocho ya son comercializadas con éxito y demanda internacional. Hay que seguir el ejemplo del vino y rescatar las especies que están desapareciendo.

Es hora de trabajar por una agricultura sostenible en la que se respeta la producción de pequeños agricultores. Revalorizar los sabores e ingredientes ancestrales.

1 Respuesta

  1. Un problema que debe juntar a productores y consumidores.

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